Para los que no habían visto las primeras aventuras de este gato sacado de un dibujo animado muy bonito realizado por un inglés. A pesar de que el autor me caiga mal (es tonto, tengo mis razones por decirlo), debo decir que su personaje refleja exactamente la realidad de la vida con un gato.
Por lo menos el mío es igual:
viernes, 19 de septiembre de 2008
lunes, 15 de septiembre de 2008
C'est fini!!
Se acabó la expo internacional Zaragoza 2008. Una magnífica ceremonia de clausura (hablo de los fuegos, no de Mr bean) a la que asistieron unas 235000 personas.
Y cuando digo que lo hicieron a lo bestia, es a lo bestia: 40T de polvora y 15000 detonadores para 40 minutos de espectáculo!
Fue una obra del francés Christophe Berthonneau, director artistico del Groupe F. La música (de Philip Glass) pegaba perfectamente con los fuegos y fue tocada en directo desde el anfiteatro 43.
Aquí tenéis una vista para los que se lo perdieron:
Y cuando digo que lo hicieron a lo bestia, es a lo bestia: 40T de polvora y 15000 detonadores para 40 minutos de espectáculo!
Fue una obra del francés Christophe Berthonneau, director artistico del Groupe F. La música (de Philip Glass) pegaba perfectamente con los fuegos y fue tocada en directo desde el anfiteatro 43.
Aquí tenéis una vista para los que se lo perdieron:
martes, 2 de septiembre de 2008
La Torre del Agua
La salida de la carrera se hizo desde la plaza del agua, al lado del anfiteatro 43. Había que pasar la pasarela que cruza la carretera para llegar a la parte donde está la torre. Dimos la vuelta a la torre y empezamos a subir, corriendo. El recorrido total es de 1800m. Como había 250 personas, hicieron dos salidas: una con las 80 mujeres y 20 tíos para completar, y otra con nosotros, todos los demas.
Había de todo: viejas de 77 años con 7 nietos, gordas, jovenes, un tío en silla de ruedas, unos q se lo tomaban muy muy en serio (clubs de atletismo), nosotros que ibamos animados por la cerveza que pensabamos que habría arriba...
El primer hombre llegó en 6min04 y yo en 8min50. Había muchos detras todavía. Los hombres, salimos media hora después de las mujeres que salieron a las 22h10. Aún así, me cruce a la bajada (bajé corriendo) con las dos gordas que habían salido 40 minutos antes!!
Todo eso para decir que arriba no sacaron la cerveza y nos dieron una mochila de la expo con regalitos: una gorra de la expo, calcetines talla 38-40 (para mi, genial), un fluvi-tomate, un pin's fluvi y un botellin de agua. Nos quejamos de la ausencia de cerveza y nos dijeron que "la cerveza no hidrata"... Desde luego no tienen ni puta idea!
Luego con la acreditación pasamos un ratico en la expo, lo que nos permitió recibir tres cervezas gratis porque el chico del chiringuito no quizo pasar la tarjeta fluvi que le presentamos porque sino iba a descuadrar la caja...
Experiencia a repetir para el año que viene!!!
©Foto Juravi52
Los gabachos en la Expo
Buscando cosas por internet, me he encontrado con un blog muy bien hecho sobre cosas alrededor de la expo y de zaragoza durante este periodo. Se llama http://ancasderanillas.blogspot.com/ y merece la pena echarle un vistazo. Lo escribe Sergio del Molino, periodista del Heraldo y a parte de tener un buen estilo, cuenta cosas interesantes, insolitas y soprendentes sobre lo que pasa en ranillas este verano. Aquí he puesto un trozo de articulo que me hizo mucha gracia por mi nacionalidad y por lo verdadero que es!
[...]
Mientras muchos zaragozanos nos perdíamos por esos anchos mundos, los anchos mundos han seguido empeñados en concentrarse en la Expo. Qué barbaridad, qué gentío, qué de filas, qué calorina. En la puerta de mi casa, un autobús de matrícula francesa lleva tres días aparcado y dando sombra a la acera. Al principio, pensé: qué majo, ha venido tanta gente de tan lejos que ya no les caben los autobuses en los aparcaderos oficiales y tienen que buscar huecos en las calles del centro. Ahora ya no me parece majo. Ahora me preocupa: son demasiados días. ¿Y si el grupo de franceses se ha perdido en la Inmortal Ciudad y no encuentra su autobús? Me preocupa su suerte. Por favor, si ven a unos franceses llorando desconsolados mientras deambulan por las calles, sean compasivos y cómprenles un croissant y una baguette. Que por lo menos estén bien alimentados, no vaya a ser que se tropiecen con un miembro de los Voluntarios de Aragón en plena recreación histórica de los Sitios gritando mueras a Napoleón y al gabacho invasor y les dé un síncope.
Perdónenme, pero es que en Zaragoza estamos muy poco acostumbrados a tanto forastero. Somos nuevos en esto del cosmopolitismo y nos llama la atención ver Independencia, a estas alturas de agosto, llenito (pero llenito de verdad) de turistas con planos desplegados y manteniendo las típicas discusiones de turista:
-Si nous sommes ici, ça c'est Santa Engracia -le dice un ingeniero de Burdeos a su novia de Nantes mientras señala puntitos en su plano.
-Mais, non! Ça c'est ne pas Santa Engracia. Ça c'est El Plata. C'est à dir, "L'argent" en français -le responde la francesita mientras señala al palacio de la Aljafería.
Recuerdo otros agostos yermos. Esos agostos de antaño, donde los cuatro gatos que maullábamos en Zaragoza nos mirábamos de lejos como niños traviesos. Nos dejaban la ciudad para nosotros solos, para que hiciéramos con ella lo que quisiéramos, pero a la hora de la verdad no había nada que hacer. Arrastrábamos los pies junto a los cierres echados de los comercios, abandonados por todos, supervivientes del holocausto veraniego.
Pero este agosto ya no es como los demás. Quizá los locales hayan abandonado la ciudad como siempre y quizá estén en el pueblo, en Salou o recorriendo Nepal en monopatín, pero ya no se nota su estampida, porque su puesto ha sido ocupado por una especie desconocida en Zaragoza hasta este año: los turistas.
Todos con su plano y su look reglamentario (pantalón corto, sandalias, cámara al cuello). Te tienes que apartar para no salir en sus fotos, y disparan compulsivamente a todo lo que se menea. O a todo lo que no se menea, más bien. Al Justicia de la plaza de Aragón le tienen ya frito.
El plan está claro: un día a la Expo y otro día a recorrer la ciudad. Y todos acaban -tontos no son- en la plaza de Santa Marta, que se nos ha puesto imposible a la hora de cenar. Otros agostos, cenábamos en el Dominó o en los Victorinos tan ricamente, pero este año no hay forma. ¿Nos volveremos tan quisquillosos con los turistas como los sevillanos o los madrileños? ¿Les timaremos, les robaremos, les aguaremos la sangría?
Los Héroes del Silencio tienen una canción que se titula Agosto que dice en una estrofa: "Tierra prometida que nos pertenece, / ¿qué más nos da / ser moro o cristiano, / si hay para los dos?".
Pues eso, que aquí hay Zaragoza para todos, y solo hay que pedir a los bares de la plaza de Santa Marta que no descuiden el abastecimiento. Porque si se nos acaban las tapas, entonces sí que se puede armar una buena. Pero mientras haya jamón, todos contentos.
Dad una vuelta por el blog de este tío, merece la pena!
[...]
Mientras muchos zaragozanos nos perdíamos por esos anchos mundos, los anchos mundos han seguido empeñados en concentrarse en la Expo. Qué barbaridad, qué gentío, qué de filas, qué calorina. En la puerta de mi casa, un autobús de matrícula francesa lleva tres días aparcado y dando sombra a la acera. Al principio, pensé: qué majo, ha venido tanta gente de tan lejos que ya no les caben los autobuses en los aparcaderos oficiales y tienen que buscar huecos en las calles del centro. Ahora ya no me parece majo. Ahora me preocupa: son demasiados días. ¿Y si el grupo de franceses se ha perdido en la Inmortal Ciudad y no encuentra su autobús? Me preocupa su suerte. Por favor, si ven a unos franceses llorando desconsolados mientras deambulan por las calles, sean compasivos y cómprenles un croissant y una baguette. Que por lo menos estén bien alimentados, no vaya a ser que se tropiecen con un miembro de los Voluntarios de Aragón en plena recreación histórica de los Sitios gritando mueras a Napoleón y al gabacho invasor y les dé un síncope.
Perdónenme, pero es que en Zaragoza estamos muy poco acostumbrados a tanto forastero. Somos nuevos en esto del cosmopolitismo y nos llama la atención ver Independencia, a estas alturas de agosto, llenito (pero llenito de verdad) de turistas con planos desplegados y manteniendo las típicas discusiones de turista:
-Si nous sommes ici, ça c'est Santa Engracia -le dice un ingeniero de Burdeos a su novia de Nantes mientras señala puntitos en su plano.
-Mais, non! Ça c'est ne pas Santa Engracia. Ça c'est El Plata. C'est à dir, "L'argent" en français -le responde la francesita mientras señala al palacio de la Aljafería.
Recuerdo otros agostos yermos. Esos agostos de antaño, donde los cuatro gatos que maullábamos en Zaragoza nos mirábamos de lejos como niños traviesos. Nos dejaban la ciudad para nosotros solos, para que hiciéramos con ella lo que quisiéramos, pero a la hora de la verdad no había nada que hacer. Arrastrábamos los pies junto a los cierres echados de los comercios, abandonados por todos, supervivientes del holocausto veraniego.
Pero este agosto ya no es como los demás. Quizá los locales hayan abandonado la ciudad como siempre y quizá estén en el pueblo, en Salou o recorriendo Nepal en monopatín, pero ya no se nota su estampida, porque su puesto ha sido ocupado por una especie desconocida en Zaragoza hasta este año: los turistas.
Todos con su plano y su look reglamentario (pantalón corto, sandalias, cámara al cuello). Te tienes que apartar para no salir en sus fotos, y disparan compulsivamente a todo lo que se menea. O a todo lo que no se menea, más bien. Al Justicia de la plaza de Aragón le tienen ya frito.
El plan está claro: un día a la Expo y otro día a recorrer la ciudad. Y todos acaban -tontos no son- en la plaza de Santa Marta, que se nos ha puesto imposible a la hora de cenar. Otros agostos, cenábamos en el Dominó o en los Victorinos tan ricamente, pero este año no hay forma. ¿Nos volveremos tan quisquillosos con los turistas como los sevillanos o los madrileños? ¿Les timaremos, les robaremos, les aguaremos la sangría?
Los Héroes del Silencio tienen una canción que se titula Agosto que dice en una estrofa: "Tierra prometida que nos pertenece, / ¿qué más nos da / ser moro o cristiano, / si hay para los dos?".
Pues eso, que aquí hay Zaragoza para todos, y solo hay que pedir a los bares de la plaza de Santa Marta que no descuiden el abastecimiento. Porque si se nos acaban las tapas, entonces sí que se puede armar una buena. Pero mientras haya jamón, todos contentos.
Dad una vuelta por el blog de este tío, merece la pena!
El nuevo C5?
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